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Siembras compartidas: unirse para enfrentar el riesgo agrícola (Entre Ríos y el clima)

Siembras compartidas: unirse para enfrentar el riesgo agrícola (Entre Ríos y el clima)

Ante un horizonte económico incierto para los próximosmeses, muchos productores están buscando alternativas a la clásica producciónagrícola por administración o al alquiler en quintales fijos por hectárea. Lassiembras asociadas pueden ser una respuesta válida esa disyuntiva, al atenuarel riesgo climático y comercial que encierra la producción de granos. Tambiénpueden ser una herramienta válida para aquellos productores que levantan la cosechay no disponen de suficiente capital de trabajo para llevar adelante lasiguiente campaña. Y la lista continúa.

Mediante la figura de las siembras compartidas, por ejemplo,el dueño del campo aporta la tierra -y, eventualmente, las labores y/o el gerenciamientodel planteo agrícola- y la otra parte participa con los insumos necesarios parala producción (semillas, agroquímicos, etc.).

Al momento de cosecha, la producción se reparte en funcióndel aporte de cada uno. Así, el dueño de la tierra puede seguir en la actividadproductiva y capturar beneficios superiores a los que podría haber obtenido conel alquiler, si se alcanzan rendimientos satisfactorios.

Cuatro pasos

Los acuerdos para desarrollar una siembra compartidacontemplan una serie de pasos. El primero en la valoración de la tierra. Seanaliza su productividad potencial y se llega a un valor, por ejemplo, 16quintales por hectárea de soja. Luego se evalúan las necesidades financierasdel propietario: puede ser que aporte los 16qq/ha o puede pedir un adelanto-por ejemplo, de 4qq/ha- a quien aporta los insumos. En esa etapa también seestablece quién va a hacer el gerenciamiento del planteo agrícola y se le pone unvalor en dólares por hectárea. Esta tarea generalmente es asumida por el dueñode la tierra.

Luego se estudia cómo se consiguen los insumos: pueden serprovistos 100{10b083c464b21a2e5b96ab7d1950c6efda5949816d8d4b699d6508628a11a647} por un socio o, eventualmente, el propietario puede aportarcapital para comprar algunos, si dispone de recursos. Las semillas yfitosanitarios se valorizan a precio de contado. En esta etapa también sedecide quién realizará las labores de implantación y protección de loscultivos: el dueño de la tierra o un contratista designado de común acuerdo.

Llegado el momento de cosecha, la producción se reparte enfunción del aporte previo que realizó cada socio. Por ejemplo, en un buen campode la zona núcleo con rotación, la cuenta puede dar 53{10b083c464b21a2e5b96ab7d1950c6efda5949816d8d4b699d6508628a11a647} para un propietario queaportó la tierra y el gerenciamiento, y 47 {10b083c464b21a2e5b96ab7d1950c6efda5949816d8d4b699d6508628a11a647} para quien se hizo cargo de losinsumos y labores. Pero este es solo un ejemplo, los valores exactos surgen delarqueo final de aportes.

Enrique Bayá Casal, titular de una agronomía con 20sucursales, comenzó con las siembras compartidas aportando insumos a partir de1997. En la actualidad participa en la siembra de 140.000 hectáreas a partir de34 acuerdos con distintos propietarios.

A lo largo de esos años observó que estos arreglos “danventajas al dueño de la tierra que no puede hacer agricultura por cuenta propiani quiere alquilarla; le permiten seguir manejando su campo y capturar altasrentas si los rindes son satisfactorios”.

“Sigue estando activo en su empresa y puede acordar lossistemas de trabajo más convenientes para su campo que con un alquiler clásico,en el que prácticamente no interviene en las decisiones productivas; siguesiendo un productor, no un rentista”, diferencia. Además, puede cobrar elgerenciamiento y puede hacer un control muy estrecho de los números del negocio”.

Bayá Casal aclara que “las bases para que estosacuerdos funcionen bien son la honestidad, la transparencia y los buenosprofesionales; hay que priorizar las relaciones de largo plazo y generarconfianza”. Además, considera que “analizar bien la información quese genera en cada campaña con el dueño del campo permite mejorarpermanentemente los procesos administrativos, técnicos y comerciales de laagricultura”.

Además, explica que “sí se opera de esa manera, con eltiempo se va generando un equipo de trabajo con amistad entre las partes; seestablecen relaciones sanas y con metas comunes que generan muchassatisfacciones. Se llega, incluso, a que algunos propietarios quieran aumentarsu escala y se asocien con el proveedor de insumos para sembrar en campos de terceros”.

Obviamente, los resultados de estos acuerdos pueden ser muyvariables de acuerdo a las personas que intervienen y a los sistemasproductivos y comerciales empleados. En el caso de Bayá Casal, a lo largo demás de 20 años alcanzó una rentabilidad promedio del 7{10b083c464b21a2e5b96ab7d1950c6efda5949816d8d4b699d6508628a11a647} sobre el capitalinvertido en siembras compartidas en distintas zonas. No obstante, aclara quelos resultados son muy dependientes de la región. “En Entre Ríos, por ejemplo,la renta sube y baja fuertemente al compás del clima; en la cuenca del Saladotambién hay fluctuaciones, con años de ganancias y otros de pérdidas, aunque unpoco más atenuadas; en la zona núcleo hay más estabilidad y generalmente losresultados positivos superan a los negativos”.

Experiencia

Gonzalo Villegas es un empresario de la zona de Saladilloque trabaja 1500 hectáreas de una sociedad familiar y arrienda 4500 de tercerospara alcanzar escala y mayor amortización del equipo de maquinaria. Afirma que”en los últimos años, la agricultura en campos alquilados se tornó muyriesgosa por la volatilidad de precios y por la intensidad y frecuencia deanormalidades climáticas. Con ese marco, no sembraría campos de terceros si noestuviera asociado con un proveedor de insumos”.

Justifica su conducta al decir que “en la Argentina nohay seguros multirriesgo” y que “en los últimos años hubo queenfrentar malezas resistentes a herbicidas, derechos de exportación y preciosinternacionales bajos por abundancia de maíz y de soja. Son demasiadas mochilaspor cargar, tanto para el propietario del campo como para un arrendatario quequiera llevar adelante planteos agrícolas sustentables”.

El riesgo aumenta la zona donde trabaja Gonzalo porque haymucha heterogeneidad y distintos ambientes en los suelos. Entonces “si elcampo por alquilar es flojo o heterogéneo, es conveniente compartir el riesgoagrícola con un socio que aporte una parte de los gastos. Si no, en ese tipo decampos habría que establecer un valor de alquiler distinto para cada tipo desuelo”, aconseja.

Diferencias

Luis Dillon es socio de El Renuevo, que gerencia empresasagropecuarias en Buenos Aires, La Pampa, Córdoba, Santa Fe, Salta y Chaco. Alabordar el sistema de siembras compartidas recuerda que “cada empresatiene una realidad particular en lo referido a objetivos, equipo de trabajo,sistema productivo, capacidades y realidad económico-financiera”. Yexplica que “cuando el administrador debe decidir en función de todo eso,en muchos campos resultan interesantes las siembras compartidas. Por ejemplo,permiten hacer una agricultura con un socio que acompaña a la empresa y aportaparte del capital que no se tiene y no se quiere pedir prestado, o si se tiene,está previsto dedicarlo a otros destinos”, agrega.

“Con siembras asociadas, el propietario del campo puedeseguir haciendo agricultura con las rotaciones, el control de malezas y lasfertilizaciones necesarias, al tiempo que mantiene las maquinarias y el equipode trabajo que se ha formado durante muchos años”, añade. Esta figuraasociativa, entonces, se diferencia de la aparcería clásica, en la que unexterno desarrolla todo el cultivo y sólo da un porcentaje al dueño del campocomo retribución. Para llevar adelante estos acuerdos es necesaria la confianzamutua.

“Confianza de que en el campo se van a hacer las cosascomo corresponde y confianza en que se va proceder de la misma forma en laprovisión de insumos”, apunta Dillon.

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