CÓRDOBA.- En la Argentina se riegan 2,1 millones de hectáreas trabajadas, aunque el potencial alcanza los 7,5 millones. Si se ampliara ese esquema, podrían generarse dos empleos por cada 100 hectáreas y producirse 1,1 millones de toneladas adicionales de soja, 3,2 millones de maíz y 900.000 de trigo. El valor bruto crecería en US$1120 millones; el aporte tributario, en US$432 millones; y las exportaciones, en US$985 millones. Todos esos números provienen del último informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (Fada) sobre las derivaciones de la ampliación y el mejoramiento del riego. “Hay muchas formas de cuidar el agua. Nosotros en nuestra casa, por ejemplo, cuando cerramos la canilla mientras nos cepillamos los dientes. Con esa acción chiquita estamos cuidando el agua. Con el riego en el campo pasa lo mismo, la propuesta no es gastar más agua sino justamente cuidarla y usarla mejor, más responsablemente”, precisa la economista Antonella Semadeni.
La inversión estimada necesaria en equipos de riego es de US$2328 millones, lo que, calculado por hectárea, arroja cerca de US$2000. Con esa base proyectan incrementos de rendimiento de hasta 62% en soja y 85% en maíz en la provincia de Buenos Aires. En regiones como Córdoba, además de elevar los rindes de maíz y soja, el acceso al riego puede ser determinante para la posibilidad de producir trigo.
Para lograr esos impactos positivos, la institución sostiene que las medidas concretas de políticas públicas requeridas ya están incluidas en el Régimen de Incentivo a la Mediana Inversión (RIMI). Se trata de la amortización acelerada para inversiones en riego; la devolución de saldos técnicos de IVA; la reducción del IVA (hoy 27%) sobre la energía eléctrica destinada al riego agropecuario; y el fomento de energías renovables para los sistemas de riego.
Semadeni apunta que el avance de la tecnología permite monitorear los cultivos y aplicar el agua en la cantidad y la frecuencia necesarias, con lo que se puede hacer “un uso racional y responsable del agua, amigable con el ambiente” y añade que la energía también es un factor decisivo. “El riego eléctrico consume un tercio de lo que requiere uno a gasoil, pero no siempre se dispone de energía eléctrica en los campos. Eso puede resolverse con el uso de renovables como paneles solares”, aporta.
Las medidas concretas de políticas públicas que se requerían ya están incluidas en el Régimen de Incentivo a la Mediana Inversión (RIMI). Gentileza
Según Fada, solo en Córdoba y Buenos Aires, ampliar el riego generaría más de un millón de toneladas extras de soja, más de tres millones de maíz y más de 800.000 de trigo, es decir, cinco millones más de toneladas de grano.
En FADA dicen que el riego moviliza la rueda de la economía a lo largo y ancho de la Argentina
Cuando la proyección se lleva al empleo, el cálculo arroja 27.000 puestos de trabajo en servicios, industrias, fletes y actividades vinculadas a las exportaciones, por ejemplo, para Córdoba y Buenos Aires, provincias sobre las que se enfoca el informe. “En ciertas zonas de Argentina, el riego no solo mejora los rindes, o sea, lo que se puede producir por hectárea, sino que marca la diferencia entre poder o no sembrar”, sostienen.
Nicolle Pisani Claro, economista jefe de FADA, subraya que el riego tiene múltiples beneficios, porque al aumentar la producción y los rendimientos, “esto se traduce en uso de más insumos, más transporte, más servicios, más puestos de trabajo, más exportaciones y, por ende, más dólares para el país. Se moviliza la rueda de la economía a lo largo y ancho” de la Argentina.
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