Surgió de las
calles picantes de Lanús, colaboró con la Policía bonaerense y abrevó en las
aguas de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE). Montó una consultora
y acumuló turbulencias judiciales, de las que salió indemne. Se marchó a Panamá
y Estados Unidos, donde pugna por una residencia que no le dan. Armó
sociedades, ganó millones y maneja fortunas propias y ajenas. Y poco después de
que al fin levantó su perfil, haciendo de puente entre Donald Trump y Javier
Milei, empezó su momento de perdición. Ahora, a los 49 años, Leonardo Orlando
Scatturice está furioso. Jura venganza.
Cuenta una nota
de Infobae: “Antes de la reunión oficial en el hotel Gaylord, el discurso de
Trump fue observado desde la primera fila por el mandatario argentino, Karina
Milei, [Gerardo] Werthein, [Luis] Caputo, [Manuel] Adorni, Santiago Caputo,
Manuel Vidal, y los organizadores de CPAC [por la Conferencia de la Acción
Política Conservadora] encabezados por Matt Schlapp, Mercedes Schlapp, Leonardo
Scatturice, Laura Arrieta, Barry Bennett y Soledad Cedro”. ¿Fecha? 22 de
febrero.
Apenas 18 días
después, Scatturice y Arrieta protagonizarían una controversia que colocó al
Gobierno a la defensiva, otra vez, tras el escándalo $LIBRA. ¿Motivo? Ella
viajó en un avión de él desde Miami a Buenos Aires sobre el que, según reveló
en LA NACION el periodista Carlos Pagni, existen versiones de que habría bajado
una “orden de arriba” para no controlar el equipaje. El avión estuvo una semana
“en tránsito” en un hangar de Aeroparque y después partió hacia París, con
escala en las Islas Canarias. Desde el Gobierno y cerca de Scatturice niegan
cualquier suspicacia. Plantean que todo fue controlado, antes de partir, en
Estados Unidos, y al arribar a la Argentina.
Scatturice
sospecha de todo y de todos, incluso de algunos dentro del Gobierno. “Todo esto
es una terrible opereta”, dicen a su lado porque él no quiere hablar. Apunta a
un pase de facturas dentro de la Aduana y a la Cancillería argentina.
¿Por qué a la
Aduana? Es un secreto a voces que Scatturice le acercó el nombre de Andrés Edgardo Vázquez
al “mago del Kremlin”, Santiago Caputo, para liderar la Agencia de Recaudación
y Control Aduanero (ARCA), por debajo pero más allá de su titular teórico, Juan
Pazo. Vázquez es quien da las órdenes, reconocen a LA NACION fuentes del sector
y hasta del propio gobierno, y se lanzó a una guerra subrepticia con Guillermo
Michel, otro peso pesado que mandó en la vieja AFIP desde los tiempos de Sergio
Massa. O antes, incluso.
Hay otro blanco
de sus recelos. ¿Quién? El canciller. “La reunión de Milei con Trump la armó
Scatturice y Werthein está celoso”, plantean junto al otrora pibe de Lanús
devenido magnate de Miami.
Las huestes de
Scatturice van más lejos. Ven la mano de Antonio “Jaime” Stiuso moviendo hilos
para perjudicarlo. Un señalamiento que no tiene sustento. Pero no sería el primer
contrapunto entre ellos.
El lado oscuro
del espionaje
Clase 1976,
Scatturice acumula tormentas desde chico. Expulsado de tres colegios, entró en
el Liceo Naval gracias a un oficial de la Armada amigo de su padre, cuentan dos
fuentes que lo conocen desde hace años. También vio la tarjeta roja. Y ese
mismo oficial lo hizo entrar en la SIDE, como chofer. En la jerga, categoría
C3. Tampoco duró mucho, apenas 8 meses, pero porque se marchó, para ahondar sus
vínculos con policías como Mario de la Fuente o Alejandro Elorz, con quien
terminó como socio en la firma AJS Jet.
Fueron tiempos
arduos, de mucha calle, en los que fuentes consultadas por LA NACION aluden a
sábanas telefónicas; otros, a piratas del asfalto; y otros más a Inteligencia
Criminal. Es decir, un área donde confluyen y compiten policías federales, de
Seguridad Aeroportuaria, bonaerenses y de otras provincias, efectivos de
Gendarmería y Prefectura, consultores y agentes de la SIDE, orgánicos y de los
otros. No siempre del lado luminoso de la ley.
En 2012, no
obstante, Scatturice montó su propia consultora: C3 Consulting, en un guiño a
su categoría fugaz en la SIDE. Con domicilio social en Lanús, oficina en Puerto
Madero y finalidades varias, en la práctica se abocó a tareas de inteligencia
que más pronto que tarde la colocaron bajo la mira judicial, en un expediente
llamado “Dark Star” que sacó a la luz cómo funciona el espionaje vernáculo.
En esa causa,
radicada en 2015 en el juzgado federal de Sergio Torres, se acumularon las
escuchas telefónicas a Scatturice y otros muchos jugadores de ese ambiente. Los
diálogos abordan sobornos a jueces, amenazas de carpetazos entre funcionarios,
seguimientos a periodistas, vínculos ocultos con barrabravas, testigos falsos
en el juicio por la tragedia de Once, el rol del teniente general César Milani
en tareas de inteligencia interna, datos sobre el entonces titular de la Corte
Suprema y cruces de facturas dentro de la ex SIDE.
“En ese
expediente judicial, Scatturice fue víctima”, remarcan a su lado. Y tienen
razón. Porque más allá del contenido de las escuchas, se determinó que la
denuncia fue un artilugio de un sector de la SIDE -el de Stiusso- contra otro
sector de la SIDE -el de Fernando Pocino-, que todo debía ser declarado nulo y
que el expediente debía cerrarse, como dictaminó el fiscal federal Federico
Delgado y terminó ocurriendo.
Para Scatturice,
no fue el primer, ni último baile en los tribunales. En 2008, afrontó una causa
por estafa. Varias demandas civiles, también. En 2016, Juan José Gómez Centurión,
el hombre puesto por Mauricio Macri al frente de la Aduana, lo señaló
públicamente como el responsable de grabar sus conversaciones telefónicas y
editarlas de un modo que llevaron a la entonces (y actual) ministra de
Seguridad, Patricia Bullrich, a denunciarlo.
Aquel episodio
terminó con el cierre de la causa contra Gómez Centurión, que volvió a su
cargo, Elisa Carrió denunciando a Scatturice y Bullrich firme en su lugar,
aunque las miradas se centraron en los meandros donde también se mueve un
empresario dedicado a la provisión de tecnología para el área de seguridad que
adora el bajo perfil: Mario Montoto.
A diferencia de
Carrió, no obstante, Gómez Centurión optó por una actitud zen cuando LA NACION
le preguntó qué había detrás de toda la movida que había superado. ¿Respuesta?
“Le mandé un mensaje a este chico Scatturice, que estaba atrás de esa
operación”. El otrora militar carapintada no dijo más.
Vinculado también al ¿ex? agente de la CIA, Frank Holder, que reconoció que subcontrataba sus servicios pero jamás contó cómo se conocieron: por un personal trainer. Más allá de los detalles, Scatturice sobrevivió a esas y otras denuncias judiciales, como la que radicó el también ex SIDE y actual diputado nacional, Rodolfo Tailhade, y que investigó el fiscal Jorge Di Lello, por la empresa MacAir Jet contra Macri, Diego Colunga, socio de Scatturice en AJS Jet SA, junto al comisario Elorz.
“Todo aire aquello”, replican junto al otrora pibe de Lanús, que para entonces -2016- se codeaba con Holder, aludía a Stiuso como “el enano” y a Pocino como “el melena”, y hablaba de negocios con Matías Garfunkel. Pero los expedientes penales lo tenían sin cuidado. “Él no tiene problemas judiciales. ¡Ninguno! ¡Jamás fue procesado, ¡ni siquiera indagado!”, remarcan a su lado. Pero aún así, llegó un momento en que Scatturice le dijo adiós a la Argentina. Emigró a Panamá, donde montó varias sociedades offshore. Y de allí partió en 2020 hacia Estados Unidos, donde amasó una fortuna, pero también tuvo sus cortocircuitos. Cuestiones de papeles.
En el Norte, Scatturice se casó ese mismo año con Diana María Marquardt, una argentina nacionalizada estadounidense. Figura junto a él como dueña de un loft comprado por US$ 6,7 millones en Miami Beach, según los registros inmuebles cotejados por LA NACION. Él sostuvo que se casaron por amor, pero las autoridades migratorias sospecharon que buscó conseguir la residencia. ¿Conclusión? Tras tres años de reclamar la “green card”, Scatturice demandó al Gobierno estadounidense por la demora.
Influencia en el trumpismo
En simultáneo, acentuó la senda corporativa. Montó OCP Tech y COC Global Enterprise, tejió vínculos con el ala más dura y conservadora del Partido Republicano y creó una firma de lobby llamada Tactic Global, junto a Arrieta -la pasajera del avión de la controversia en Aeroparque- y varios pesos pesados. Entre ellos, el exdirector de Estrategia Política de la Casa Blanca, Matt Schlapp, y uno de los asesores de Trump durante sus campañas de 2016 y 2024, Barry Bennett.
Esos apellidos aparecen de manera habitual en el recorrido de Scatturice. Con Schlapp y Bennett también ganó relevancia en la Conferencia de la Acción Política Conservadora (CPAC). En septiembre de 2024 inscribió en los registros del Estado de Florida una sociedad sin fines de lucro llamada CPAC Argentina Inc, donde figura como director y tiene a Laura Arrieta como tesorera.
No fue esa, sin embargo, la única sociedad comercial que constituyó en Estados Unidos o, siquiera en Florida. Sólo en ese estado de la Unión aparece como directivo en otras 35 empresas registradas, mientras él desplegaba sus redes y contactos entre Miami, Nueva York, Las Vegas y Washington. Allí, en la capital estadounidense, selló reuniones para Santiago Caputo con Schlapp y Bennett. Con ellos decidió que harían un evento en la Argentina de la CPAC con Milei como protagonista estelar junto a Lara Trump, nuera del entonces presidente electo de Estados Unidos, y con ellos urdió el encuentro del 22 de febrero entre Milei y Trump.
“Hay varios en Buenos Aires que no se lo perdonan”, repiten, para luego insistir con los nombres de Werthein, Stiusso, Michel.
“Lo que no entienden es que Leo viene desarrollando ese vínculo desde 2022, que Bennett es su amigo, y que cuando decidieron hacer un encuentro de la CPAC en la Argentina, Trump aparecía perdiendo en las encuestas, así que Leo no apostaba ‘a ganador’, sino que iba a pérdida, porque encima pagó todo el evento, sin una sola empresa ‘sponsor’ por regla de compliance de Estados Unidos”, se indignan a su lado.
También a su lado confirman su vínculo con Vázquez -”son amigos hace 25 años”- y con Santiago Caputo, con quien se encontró en junio de 2024 y enero de este año y que se mueve en Estados Unidos a bordo de cualquiera de sus dos aviones. Algunos sostienen que Scatturice es el asesor del asesor del Presidente en la SIDE, la ARCA y la Unidad de Información Financiera (UIF); es decir, tres áreas donde se recibe y procesa muchísimos datos de inteligencia.
“Falso”, cortan a su lado. “Leo no es asesor de Santiago, ni mucho menos. ¿Es elemento de consulta? Sí. ¿A veces Santiago le pregunta? Sí. Pero de ningún modo lo asesora”, cortan a su lado, dolidos. “¿Le reprochan tener un pasado? Sí, claro. Pero no cuentan que laburó como un perro, que fue pobre hasta 2012 y que ahora tiene 600 empleados”.
Febrero le resultó un mes agridulce. El 3, Estados Unidos rechazó su formulario migratorio. El 5, Santiago Caputo colocó a su socio Colunga como director de Aerolíneas Argentinas. El 22, logró la cumbre entre Trump y Milei, y gozó de las mieles de la gloria desde la primera fila. El 24, la Justicia cerró su demanda por la “green card” que no fue. El 26, su avión aterrizó en Aeroparque, con Arrieta como pasajera.
“¿Sabés quién estaba en la pista cuando llegó el avión?”, desafían desde el círculo de Scatturice, que procesa e infiere como agente de inteligencia. “El yerno del ‘Nono’, un socio de Michel. ¿Vos te creés que eso es casual?”.
Sin aludir a los encuentros recurrentes con Caputo ni a los servicios prestados por Scatturice como abrepuertas oficioso en Washington, el vocero presidencial Manuel Adorni sostuvo que el Gobierno no tiene “ninguna relación” con él o Arrieta. “Excepto”, aclaró, “en situaciones fortuitas y contingentes como puede ser la CPAC”.




Comentarios
0 comentariosSé el primero en comentar esta nota.