A pesar de tener ya 12 años, la Ley de Salud Mental siempreestá en la mira. Y en 2022 pareció que, al igual que la de Alquileres, ellatambién iba a ser víctima del Congreso. Desde el 2010, en Argentina estávigente la Ley 26.657, que busca garantizar a toda la población el acceso a unaatención integral, humanizada y de calidad en materia de salud mental. Pero losavances fueron limitados y a su alrededor giran tantos mitos como deficiencias.A horas de conmemorarse un nuevo día de la Salud Mental, ¿qué tan lejos se estáde hacer cumplir esta norma de avanzada mundial?
Organizaciones y especialistas concuerdan: todavía existenbarreras que impiden su plena implementación y lograr que el derecho a la saludmental sea una realidad. Un primer punto es la participación de todo elsistema. “Hay una cuestión pendiente: que todos los centros de salud yhospitales generales brinden atención ambulatoria e internación en saludmental. Esto aún no sucede en todo el país. También es muy importante avanzarcon una red de dispositivos alternativos como las viviendas asistidas, serviciosde atención domiciliaria y ambulatoria, de acompañamiento y apoyo, ydispositivos de inclusión social y laboral”, resalta Eduardo Quiroga, de laAsociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ). Cuenta que otro temapendiente es la adecuación de los hospitales psiquiátricos. “Todavía haygrandes instituciones que no tienen planes de adecuación, como es el caso delos hospitales psiquiátricos de la Ciudad, donde aún hay gran cantidad depersonas internadas”.
El sistema de atención que propone la ley deja de lado elmodelo manicomial para pasar a uno de atención comunitaria. La norma estipulóque para 2020 no debían quedar “manicomios” con el viejo modelo de encierro. Noobligaba a cerrarlos, sino a readecuarse. Que las internaciones fuesen breves,y complementadas con dispositivos comunitarias y lazos sociales, laborales yculturales que evitaran dejar al paciente aislado en el neuropsiquiátrico. Esotambién está lejos de cumplirse. El Primer Censo Nacional de PersonasInternadas por Motivos de Salud Mental de 2019 (casi diez años después de la ley)registró 12.035 personas internadas por Salud Mental. Unas 8000 menos que en2010, pero aún son muchísimas.
La situación es dispar dependiendo la jurisdicción. EntreRíos, La Pampa y Provincia de Buenos Aires avanzaron en readecuaciones. Laactual gestión bonaerense dispuso hace un par de años la transformación de loscuatro monovalentes: el Estéves, el Alejandro Korn, el Domingo Cabred; y elTaraborelli. Entre los cuatro albergan a más de 1600 pacientes: el 43{10b083c464b21a2e5b96ab7d1950c6efda5949816d8d4b699d6508628a11a647} tienecomo mínimo 10 años de internación. CABA, en cambio, no avanzó con ninguno. Lamayor parte del presupuesto está orientado hacia los hospitales psiquiátricos,mientras que de sus 34 hospitales, solo tres cuentan con internación por causasde salud mental.
En el medio, la pandemia. Y un crecimiento exponencial decasos de salud mental. Un estudio del Conicet reveló que el 47{10b083c464b21a2e5b96ab7d1950c6efda5949816d8d4b699d6508628a11a647} de las personasconsultadas tuvo algún “trastorno de ansiedad”, seguido por “depresión” (36{10b083c464b21a2e5b96ab7d1950c6efda5949816d8d4b699d6508628a11a647}) yafecciones de tipo “psiquiátrico” (14{10b083c464b21a2e5b96ab7d1950c6efda5949816d8d4b699d6508628a11a647}).
La salud mental está vinculada al contexto. En las crisis,suben los casos. Remarca Macarena Sabin Paz, coordinadora del equipo Saludmental del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS): “no existe estadopleno de salud o de enfermedad. Hay que desmitificarlo. Hay mucho silencio y vergüenzaen pedir ayuda. Si se dejan los tabúes, se podrá pedir ayuda a tiempo”.
Representaciones sociales
Los críticos de la ley apuntan que la externación depacientes no siempre puede ocurrir. “La internación debe ser una habitualidaden el equipo interdisciplinario, debe estar en el arsenal terapéutico”, aseguróa la prensa tiempo atrás Mario Clemente, presidente de la FundaciónObservatorio para la Medicina Prehospitalaria.
Los hospitales psiquiátricos todavía se resisten areadecuarse. Sabin Paz pide sacar la idea de lo normal/lo patológico: “No sirvey no es real. Como en la salud física, tenemos aspectos más saludables y otrosmenos, y convivimos con ese proceso. La salud mental pasa a ser un eje más dela salud. Nuestras emociones y angustias cambian, la pandemia lo demostró”.
Uno de los mayores mitos, promovido por los medios, es queuna persona con un historial de atención por salud mental no está encondiciones de decidir sobre su vida, es peligrosa o no puede integrarse en lacomunidad. “Pero esto no es así -añade Leonardo Gorbacz, psicoanalista yexdiputado-. Muchas personas no pueden ver que las crisis en salud mental sonmomentos puntuales que pueden ser superados, entonces terminan condenando a laspersonas al encierro de por vida”.
“El porcentaje depersonas con problemáticas de salud mental que cometen delitos es ínfima, en sumayoría los que cometen delitos son personas consideradas normales”, enfatizaAlberto Trímboli, ex titular de la Federación Mundial de Salud Mental.
Gorbacz lleva la ley como una causa propia. Fue el autor delproyecto. En diálogo con Tiempo destaca que “en 12 años se han vistofortalecidos los equipos interdisciplinarios y se ha reducido la cantidad depersonas que permanecían sin criterio de salud en hospitales psiquiátricos,además de aumentar los controles, lo que redujo la tendencia a ladiscrecionalidad. Sin embargo, la mayor carga de atención sigue recayendo enlos hospitales psiquiátricos”.
Muchos hospitales y centros de salud en los barrios rechazanla atención de salud mental, la gente tarda en llegar a la consulta y en lamayoría de los casos es derivada a hospitales psiquiátricos alejados, conriesgo de perder progresivamente sus redes vinculares y sus lazos sociales.
La ley incluye a las adicciones como parte de las políticasde salud mental, por lo que las personas que transitan situaciones de consumosproblemáticos tienen todos los derechos que enumera la ley. Este punto tampocose cumple.
De acuerdo a la norma, no puede rechazarse el tratamientopor salud mental en ningún hospital general. Tampoco se cumple. Es muy común lafrase “aquí no se internan personas con problemas de salud mental” o “aquí noatendemos adicciones”.
Largamente discutida, la ley fue votada por unanimidad.Gorbacz asume que igual hay muchos detractores, “pero con fundamentos pocosólidos porque se basan en el desconocimiento. Se cree que la ley no permiteinternar a alguien en contra de su voluntad, y eso es totalmente falso. Es unabuena herramienta que todavía no ha desplegado todo su potencial, esperfectamente aplicable”.
Para cumplirla es indispensable la inversión, al menos en lacreación de dispositivos intermedios como hospitales de día y en la conformaciónde más equipos interdisciplinarios donde no impere solo la mirada psiquiátricamedicalizante. Eso queda a merced de cada provincia, y la crisis socioeconómicano ayuda para que la salud mental sea una prioridad presupuestaria.
Según datos de la ACIJ, el porcentaje destinado a «SaludMental”, dentro del de Salud, proyectado para el 2023 es de 1,68{10b083c464b21a2e5b96ab7d1950c6efda5949816d8d4b699d6508628a11a647}, mayor al1,45{10b083c464b21a2e5b96ab7d1950c6efda5949816d8d4b699d6508628a11a647} de este año, pero lejos del mínimo de 10{10b083c464b21a2e5b96ab7d1950c6efda5949816d8d4b699d6508628a11a647} que estipula la Ley. “No sepuede hablar de ausencia total de implementación, sino de disparidad entre lasjurisdicciones -puntualiza Sabin Paz-. Es una ley de garantía de derechos.Antes las personas con padecimiento en salud mental podían quedarse encerradasde por vida; sin posibilidad de votar, hacer transacciones económicas nicasarse. Como si la justicia pudiera garantizar la felicidad. Esas cosas nopueden seguir. Por eso hay que pensar la salud mental en los primeros nivelesde atención, no solo los manicomios, que no ayudan y agregan estigmas ydiscapacidades. Que por ejemplo las escuelas, clubes e iglesias aprendan aconstruir una detección temprana. Y se pueda trabajar de manera transversal eintersectorial”.
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