En Strobel, un
pequeño pueblo de Entre Ríos, cercano a Diamante, se escondía Marcos Julián
Díaz, exrugbier y exintegrante de Los Pumitas de 41 años. Estaba prófugo desde
2021, acusado de ser uno de los “valijeros” que cambiaban dólares a la banda
narco liderada por el expiloto de avión peruano Julio Rodríguez Granthon,
actualmente preso en el penal federal de Ezeiza.
“Para mantenerse
prófugo en la Argentina hay que tener mucho dinero y buenos contactos”. La
frase pertenece a un veterano abogado penalista que defendió a narcos que
estuvieron varios meses huyendo de la policía. Por lo que este letrado
sospecha, a Marcos Díaz se le estaba acabando el dinero para seguir en la
clandestinidad. Estaba escondido en una casa rural, con pileta de natación, en
un pueblo cercano a Diamante, Entre Ríos. Estaba allí con su novia y tenía una
persona allegada que lo ayudaba. En Strobel, Díaz se hacía llamar Rafa
Lewis.
Como no tenía
auto, debía comprar sus alimentos y pedir que se los enviaran. Esa dificultad
hizo que empezara a ser visible en un lugar donde todos se conocen. En el
pueblo comenzó a hablarse de lo “extraño” que era ese tipo que vivía en esa
casa en las afueras de Strobel, según señaló a LA NACION un vecino del lugar.
Un llamado
anónimo avisó al fiscal de Procunar Matías Scilabra, que inició una
investigación y confirmó que los rumores que circulaban en la zona eran
ciertos. Allí estaba escondido el exrugbier al que nadie podía atrapar.
El fiscal montó
un operativo sigiloso con la Policía Federal. Hicieron tareas de inteligencia y
el sábado lo detuvieron a este exfoward de 41 años al que le gustaban las armas
y los dólares.
Era llamativo que
a Díaz no pudieran atraparlo. Varias fuentes del mundo del rugby contaron a LA
NACION que lo veían cada tanto en Rosario. Llegaba de visita de manera
esporádica y con bajo perfil. Este hombre que jugó en Plaza Jewell, un club
tradicional de rugby de Rosario, adquiría en Buenos Aires los dólares que
necesitaba la banda del peruano Rodríguez Granthon.
Se escondió en
Entre Ríos, porque — según las fuentes de la investigación- en esa provincia
tenía estrechos contactos con gente del rugby que, a su vez, tenía vínculos con
personajes de la administración del exgobernador Gustavo Bordet.
Según el
periodista José Amado, de Análisis Digital, Díaz tenía una relación histórica
con dirigentes de Paraná Rowing Club, otra entidad tradicional de la capital
entrerriana.
Díaz fue a jugar
al rugby al club en 2020, pero cuando empezó la pandemia desapareció de la
capital entrerriana. Sospechaba que pronto iban a pedir su captura. Según
Amado, Díaz tenía vínculos estrechos con los hermanos Claudio y Marcelo Tórtul,
y con Daniel Carbonell, procesados por las coimas de Securitas en Enersa, una
causa pesada de corrupción que está a cargo de la jueza federal de San Martín
Sandra Arroyo Salgado.
Díaz estaba
prófugo en una causa que fue emblemática en Rosario porque se logró establecer
todo el circuito de lavado del dinero. En este caso, el financista Gustavo
Shanahan, extitular de Terminal Puerto Rosario, condenado a siete años en la
misma causa en la que está prófugo Díaz, está preso en un calabozo de la
Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) cerca del aeropuerto Islas Malvinas.
Hasta principios
de diciembre pasado, Shanahan había estado en prisión domiciliaria. En
septiembre, el fiscal federal Federico Reynares Solari pidió que se le revocara
esa condición y que fuera a una prisión. El juez federal Mario Gambacorta, que
integra el Tribunal Oral Federal Nº3, avaló ese pedido. Según fuentes de su
entorno, Shanahan estaba furioso porque él estaba en prisión y el principal
responsable, Díaz, seguía prófugo.
La defensa del
financista apeló a la Cámara de Casación Penal, pero no tuvo éxito. Tras este
revés judicial, el hombre que manejó millones de dólares en inversiones y
maniobras financieras en Rosario — muchas de ellas terminaron en un desastre
con cientos de damnificados- armó un bolsito con ropa y fue trasladado a un
calabozo.
No hay
antecedentes de que un financista como Shanahan, sentenciado por proveer
dólares a una banda narco, esté en prisión. Este hombre de 68 años fue
condenado en diciembre de 2023 a siete años de prisión. Lo inédito de esta
investigación impulsada por la Procunar fue que Shanahan fue considerado parte
de la organización narco.
No fue imputado
solo por lavado de dinero, sino que se consideró que los dólares que
supuestamente cambiaba a la banda de Rodríguez Granthon eran vitales para el
funcionamiento del grupo criminal. El “dólar dark”, le decían, porque tenía una
cotización especial, más alta que la del “blue”, por razones obvias.
En la
presentación que hizo el equipo encabezado por el abogado Iván Hernández
Larguía, que ejerce la defensa técnica de Shanahan, insistieron ante la Cámara
de Casación Penal, como lo hicieron en los alegatos del juicio, con que no hay
evidencias que unan al financista con la banda del piloto peruano, que vendía
cocaína en Villa Banana. Y apuntaron contra el exrugbier.
egún esa
hipótesis, era Marcos Díaz el que proveía de dólares a la organización
criminal. Shanahan tenía contacto con el rugbier porque adquiría “verdes” que
traía de Buenos Aires para surtir la cueva financiera que tenía en calle España
y Rioja. “No hay ninguna comunicación entre Shanahan y los narcos”, aseguró
Hernández Larguía en diálogo con LA NACION.
En el fallo de
Casación se reprodujo una de las pocas declaraciones que hizo Shanahan en este
proceso judicial, cuando fue indagado. “Quiero decir que, en primer lugar, de
todas las personas que se me nombran únicamente conozco a Marcos Díaz, que he
mantenido alguna relación comercial con él sabiendo que era representante de
cobranzas en una empresa que no recuerdo el nombre (creo que se dedicaba a
lácteos). Yo lo conozco de nombre del mundo financiero por el Grupo Carey, él
se independizó y además lo conozco del mundo del rugby porque jugaba en Plaza.
Mi trato con él era aproximadamente una vez por mes o cada quince días, a veces
ni hablaba directamente conmigo”, señaló Shanahan.
La mirada del
fiscal Reynares Solari era diferente. En el juicio dijo que esta causa tuvo una
dinámica especial porque llevó a que se investigara la “ruta del dinero” y que
la pesquisa no quedó circunscrita a los barrios “menos favorecidos”, lejos de
los “bulevares” de Rosario.
Afirmó que había
una “instancia de distribución barrial en calle Espinosa”, en Villa Banana, que
se trataba de un “centro de procesamiento ilícito de material estupefaciente”,
y que del teléfono celular de Alfonso Sebastián Sciortino se pudo determinar
las personas y lugares de “distribución”, y qué cantidad de dinero generaba en
los “puntos de venta”.
Dijo que la
“novedad” de esta causa radicó en que se “siguió el dinero”, lo que nunca antes
se había hecho.
La defensa del
financista rosarino que manejó el puerto de Rosario planteó que en este caso
hubo una “fuerte presión mediática” para demonizar a Shanahan.
“Fue sometido a
un escarnio público y a un linchamiento mediático mediante la publicación de
más de 100 notas periodísticas en diferentes medios de comunicación”,
señalaron, y agregaron que “en algunos pasajes del juicio, la fiscalía se
refirió al debate como ‘el Juicio Shanahan’”.
En el escrito sostuvieron que “la propia presión que se impuso la fiscalía al declarar mediáticamente previo al debate le impidieron actuar objetivamente cuando durante el juicio advirtieron que el personal que investigó cometió serios errores interpretativos, a pesar de que su deber de objetividad les imponía admitir estos errores y solicitar, al igual que en el caso de Néstor Ciotti, la absolución de Shanahan por los delitos imputados”.
Shanahan cargó toda la responsabilidad en Marcos Díaz, que a diferencia de él, que pasó las fiestas en un calabozo, estaba prófugo desde hacía casi cuatro años. Incluso, allegados al financista advirtieron que “anda tranquilamente por Rosario”. Eso ocurrió hasta el sábado cuando lo detuvo la Policía Federal.
“La prueba demostró que Marcos Díaz era quien tenía vínculos con los narcos, y no Shanahan”, sostuvo Hernández Larguía, que planteó que “los interrogantes que realmente debían responderse eran si Díaz necesitaba de Shanahan para guardar el dinero que recibía de los narcos de Villa Banana y si el rugbier necesitaba del extitular del puerto de Rosario para convertir ese dinero en divisas”.
La respuesta en ambos casos es no, según la defensa, que ahora apelará a la Corte Suprema de la Nación, tras el revés judicial que enfrentó Shanahan en diciembre que lo llevó a abandonar su departamento en el centro de Rosario para pasar las fiestas en una celda en la sede de la PSA.





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