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La consulta es una trampa
Reynaldo Martínez Giménez (*)

La consulta es una trampaReynaldo Martínez Giménez (*)
Frente a la intención oficial de reformar la Carta Magna Provincial, aparece con crudeza un fenómeno que debe hacernos pensar sobre el papel de los medios de comunicación y las agencias publicitarias en la política moderna. Ello nos conduce irremediablemente a la pregunta sobre el tipo de opinión pública que estamos formando, de sociedad, de ciudadano y de democracia queremos para nuestra Entre Ríos.

Un poco de historia

Empecemos con la primera "operación" moderna de propaganda llevada a cabo por un gobierno. Ocurrió bajo el mandato de Woodrow Wilson. Este fue elegido presidente norteamericano en 1916, como líder de la plataforma electoral Paz sin Victoria, cuando se cruzaba el ecuador de la Primera Guerra Mundial.
La población era muy pacifista y no veía ninguna razón para involucrarse en una guerra europea; sin embargo, la administración Wilson había decidido que el país tomaría parte en el conflicto. Había por tanto que hacer algo para inducir en la sociedad la idea de la obligación de participar en la guerra, y se creó una comisión de propaganda gubernamental, conocida con el nombre de Comisión Creel, que, en seis meses, logró convertir una población pacífica en otra belicista que quería ir a la guerra y salvar al mundo.

La democracia del "ciudadano espectador"

Salvando las enormes distancias, la pretensión de reformar la constitución es ajena al pueblo, y necesita instalarse en el imaginario popular y político como una necesidad que resolverá, independientemente de quien ejerza el poder, los problemas del pueblo.
Sería grosero si el gobierno lo hiciera solo. Esta necesidad debe parecer tan cierta como sea posible y por eso utiliza los medios de comunicación y agencias publicitarias que diseñan textos, editan imágenes y tratan de sintetizar impactantemente los eslóganes de campaña.
En esta tarea el sector del justicialismo en el gobierno, tiene una ventaja comparativa, ya que a través de los servicios administrativos contables de la administración central y de los entes descentralizados, han venido cultivando una relación comercial al "alojar" pautas publicitarias no solo a través de agencias amigas sino en radios amigas.
Es fácil comprobar este fenómeno: en la mayoría de los sitios digitales de noticias de la provincia, la proporción es de 3 (publicidad oficial) a 1(publicidad privada). Aquí la pauta publicitaria de la consulta y la reforma parcial de la constitución, ingresan como cualquier otra publicidad, sin que nadie se pregunte nada sobre el contenido de lo publicitado.
Algunos dirán que este no es un problema grave ya que el interés demostrado por la mayoría de la ciudadanía es muy escaso, pero no debemos olvidarnos de otros factores de este fenómeno de formación de opinión que analizamos: el contenido y los fondos.
Sobre el ultimo aspecto podemos decir que nadie está poniendo dinero de su bolsillo, al contrario, dichas transacciones publicitarias se abonan con dinero del presupuesto general que proviene tanto de la coparticipación nacional como de lo recaudado en materia de impuestos provinciales.
En relación al contenido podemos decir que apunta a un ciudadano espectador y apático, ya que el discurso se apoya sobre una base conceptual de dudosa veracidad y suma vaguedad.
Deberíamos preguntarnos, cómo le iría a estas mismas agencias de publicidad si promocionaran un "producto" en el mercado, sobre la base de cualidades ficticias o con dudosa garantía pos venta, dirigido a un público exigente y conocedor de la normativa, y con organismos de defensa del consumidor eficientes. Vender algo en esas condiciones sería imposible y nadie aceptaría ese trabajo aún a costa de perder una buena suma.
Por qué nadie reflexiona sobre el contenido que publicita, o si lo hacen, estos profesionales de la comunicación, no tienen un justificativo de mayor valor que el hecho de obtener ganancias a cualquier costo.
Recordemos que se trata de la Norma Fundamental que regirá los próximos años de la vida de más de un millón de entrerrianos, es mucho futuro para tomarlo con tanta displicencia y relativismo moral o ánimo de lucro.

Una vieja maña

La consulta y la reforma son una trampa discursiva y publicitaria destinada a un pueblo intencionalmente desprevenido, que esconde el solo interés de un grupo de dirigentes que sirven a otros intereses, de perpetuarse en el poder.
En un artículo publicado en 1996 Noam Chomsky recordaba que: "Lippmann (publicista vinculado a la administración Wilson) estuvo trabajando con las comisiones de propaganda y sostenía que lo que él llamaba revolución en el arte de la democracia, podía utilizarse para fabricar consenso, es decir, producir en la población, mediante nuevas técnicas de propaganda, la aceptación de algo inicialmente no deseado".
En mi opinión, esto está vinculado con un modelo de gestión que necesita de una actitud acrítica frente a la realidad, que se pretende acentuar en la sociedad entrerriana, ya que a lo largo del tiempo ha aceptado que es fácil ser hoy estatista y ayer privatista o pasar de un partido a otro o de un referente nacional a otro. Las modernas técnicas de propaganda – los denominados "operativos de prensa" – nos han ayudado digerir la realidad sin debate ni explicación pública.

Cualquier parecido es pura coincidencia

Uno de los más conocidos métodos de persuasión utilizado por los comunicadores es el conocido como Método Científico para Impedir Huelgas, se aplicó una y otra vez para romper huelgas en los EEUU. Daba muy buenos resultados, sobre todo cuando se trataba de movilizar a la opinión pública a favor de conceptos vacíos de contenido, frente a los reclamos genuinos de la sociedad.
Con la reforma sucede algo parecido. Los publicistas, las agencias y el gobierno tratan de imponer eslóganes que no puedan recibir ninguna oposición, que todo el mundo esté a favor, su importancia decisiva estriba en que distraen la atención de la gente respecto de preguntas que son verdaderamente importantes, quién podría estar en contra de la defensa del medio ambiente, la integración social, el pago de salarios en término, o frenar el endeudamiento público. Nadie.
Antes de dar rienda suelta al apuro reformista, el sector de gobierno debería auscultar institucional y públicamente a la opinión publica entrerriana sobre aspectos medulares de sus políticas, por ejemplo: ¿ qué opinión merece la política gubernamental en relación al medio ambiente?, ¿cómo es evaluada política oficial contra la discriminación?, ¿ cuál es la consideración sobre la política de salarios para activos y pasivos o los niveles permitidos de endeudamiento público?. Pero no, estas y otras preguntas son escamoteadas tanto del debate de los partidos políticos y fuerzas provinciales, como de la campaña electoral, pero debemos decir que si fueran hechas, las respuestas dejarían un saldo poco favorable para el gobierno.
La campaña es muy eficaz y hasta hoy ha funcionado perfectamente. Desde luego consiste en algo razonado y elaborado con sumo cuidado: la gente que se dedica a las relaciones y campañas públicas de difusión, no está ahí para divertirse; está haciendo un trabajo, ganando dinero, aún a costa de emitir mensajes falaces o participando de una estrategia direccionada al interés personal ya que como veremos en los siguientes párrafos, el gobierno tiene todos los recursos institucionales, económicos y financieros a su alcance para solucionar, los problemas de Entre Ríos.

Fabricación de la opinión

En la obsesión reeleccionista, se han desplegado grandes esfuerzos, se han "conseguido", publicado y difundido opiniones a favor de intendentes de la oposición, o de ex senadores, hasta inclusive: traído equipos de encuestadores y ex ministros menemistas, para decirnos qué y cómo debemos reformar los entrerrianos de nuestra Constitución, todos a cargo de los fondos del tesoro provincial.
Frente a cada materia que se pretende reformar, el actual gobierno tiene cuentas pendientes, como haber derogado el decreto Nº4519/03 que prohibía la tala indiscriminada de bosques, mediante el decreto Nº1317 del 2004. Valga también el comentario que las acciones que viene realizando el gobierno en el caso de las "papeleras" lo viene haciendo sin ningún tipo de contratiempo constitucional, amparado en la constitución Nacional.
Las políticas sociales deben cargar no solo con el antecedente de la gestión 95/99 en donde se consideraba "gasto" a todo lo social fruto del neoliberalismo implementado en la provincia, sino con la vigente afrenta de haber destruido 75.000 kilos de alimentos y medicamentos, arrojándolos al río o quemándolos, cuando los niveles de exclusión, marginación y pobreza siguen elevados y sin que la justicia se haya expedido sobre las responsabilidades penales de los funcionarios.
El gobierno y los publicistas hablan del ingreso por concurso al empleo público, cuando en la actual gestión se han realizado unas 15.000 designaciones sin ningún tipo de concurso.
Cualquiera puede coincidir que para cumplir con su rol, no necesita reformar la constitución o mejor dicho no por estas causas, ya que tiene las normativas vigentes, cuenta con una abrumadora mayoría legislativa, el sindicalismo estatal (ATE y UPCN) en cargos de nivel jerárquico dirigiendo los organismos y ocupando bancas, lejos de las movilizaciones, los saqueos y el Régimen Jurídico Básico.
Pese a ello, es preciso falsificar totalmente la historia. Creo que la cuestión central, no es simplemente la manipulación informativa o publicitaria, sino algo de dimensiones mucho mayores.
Es condicionar la población, sumirla en un bajo grado de conciencia social y escasa calidad ciudadana, para continuar aceptando mansamente lo que viene a ser una forma de totalitarismo autoimpuesto, en el que el pueblo se encuentra, además, sometido a la repetición de simplificaciones terribles, imbuidos de un temor reverencial hacia el líder que le salva de la destrucción.
Alguien dijo alguna vez que al contrario de lo que se cree habitualmente no es el ser que hace la conciencia, sino la conciencia lo que nos hace "ser", por lo tanto solo resta asumir nuestra independencia y madurez, desconocer la consulta por tramposa, transformando nuestra postración en un digno mensaje electoral que exprese que no somos rebaño y que sigue en nosotros la verdadera necesidad de mejorar la provincia a través de los canales participativos que establece la sabia Constitución vigente.

Reynaldo Martínez Giménez
Instituto "Hipólito Yrigoyen"

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