La búsqueda dio frutos. La justicia federal de Córdoba informó que fueron identificados los restos de doce personas en un terreno lindero al centro clandestino conocido como La Perla.
El juzgado federal a cargo de Miguel Hugo Vaca Narvaja se encuentra notificando en estas horas a las familias de las personas identificadas, tras el trabajo conjunto del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y del Instituto de Medicina Forense del Poder Judicial de la provincia de Córdoba.
Solo cuando las familias sean informadas y se consulte su voluntad respecto a la difusión de los hallazgos, el juzgado convocará una conferencia de prensa.
La Perla funcionó como centro clandestino de detención, tortura y exterminio (CCDTyE) entre 1976 y 1978. Estaba emplazada en terrenos del Tercer Cuerpo de Ejército, a la vera de la ruta 20 que une Córdoba capital con Villa Carlos Paz, y estaba bajo el mando del Destacamento de Inteligencia 141 de Córdoba, según consignó el diario Página/12.
Investigaciones del Archivo Provincial de la Memoria estiman que entre 2.200 y 2.500 personas fueron secuestradas allí; la gran mayoría permanece desaparecida.
Teresa Meschiatti, quien sobrevivió al cautiverio en ese lugar, dejó una definición lapidaria sobre la mecánica del exterminio en La Perla: “Así como en la ESMA se iban para arriba, nosotros nos íbamos para abajo”.
En Córdoba, a diferencia de otras zonas del país, no predominaron los vuelos de la muerte para hacer desaparecer los cuerpos, sino los enterramientos. En La Perla se hablaba de “los pozos”, del “metro ochenta” o de “ver crecer los rabanitos desde abajo”: eufemismos siniestros usados por los oficiales que decidían sobre la vida y la muerte.
Quienes eran “trasladados” eran preparados para la ejecución: se los separaba de la cuadra donde estaban sus compañeros, se les vendaban los ojos, les ponían una mordaza y les sujetaban las manos por detrás antes de subirlos a un camión Mercedes-Benz. Con el humor perverso de los represores, a esos vehículos se los apodó “Menéndez Benz”, en alusión a Luciano Benjamín Menéndez, comandante del Tercer Cuerpo de Ejército.
En los primeros meses de la dictadura los traslados fueron masivos —sobrevivientes relataron que llegaban a llevar hasta 60 o 70 personas— y luego se fueron reduciendo en cantidad. Los camiones solían llegar a las tres o cuatro de la tarde, cargar a los prisioneros que serían asesinados y regresar, por lo general, entre 20 y 30 minutos después. Esa dinámica llevó al tribunal oral que juzgó la megacausa La Perla a establecer que “daba la idea de que el lugar de fusilamiento estaba dentro de los terrenos de la misma guarnición militar”, publicó el diario Página/12.
El 10 de mayo de 2004, el teniente coronel Guillermo Enrique Bruno Laborda presentó un recurso por no haber sido ascendido a coronel y, en ese escrito, reconoció haber actuado en La Perla y haber intervenido en tres fusilamientos, entre ellos el de una mujer que acababa de dar a luz. En su descargo detalló que tras las ejecuciones arrojaban los cuerpos a un pozo y les prendían fuego. También afirmó haber participado “activamente” en la remoción de cadáveres en 1979, meses antes de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para documentar denuncias contra la dictadura. Según su versión, se usaron máquinas del Batallón de Ingenieros de Construcciones 141 para extraer los restos, que luego fueron “compactados” y arrojados cerca de una salina de La Rioja, señaló Página/12.
Los trabajos del EAAF en una zona delimitada de La Perla comenzaron el 16 de septiembre del año pasado. Rápidamente aparecieron restos óseos humanos, una confirmación temprana de que las identificaciones podrían concretarse.
En el comunicado del juzgado de Vaca Narvaja se habla de “resultados parciales”, lo que sugiere que podrían estar en curso más identidades. Desde el EAAF subrayaron la importancia de que las familias de personas desaparecidas actualicen sus datos de contacto.
A pocos días de que se cumplan los 50 años del inicio de la dictadura, la identificación de estas doce víctimas confirma que la verdad —por más que se intente sepultar o negar— termina saliendo a la luz.
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