La jueza federal María Servini dio por clausurada la instrucción y elevó a juicio oral el expediente contra ocho imputados por el secuestro, el cobro del rescate y la muerte intencional de Gastón Tallone, en un hecho de venganza por el robo de 340 kilos de cocaína a la banda conocida como Los Monos en el puerto de Concepción del Uruguay. Ariel Máximo “Guille” Cantero no será juzgado como acusado: declarará como testigo.
Sí irán a juicio José Uriburu y Juan Carlos Miró, los socios de Tallone que, según la acusación, montaron la trampa por orden de Los Monos; Gustavo Juliá, el nexo entre Uriburu y Cantero; Alejandro Ficcadenti, alias “Rengo”, exjefe de la barra de Newell’s, y Sergio Di Vanni, alias «Bebé», su mano derecha; Cristian Mariano Gauna, investigado además por la amenaza contra el gobernador Maximiliano Pullaro y la exministra Patricia Bullrich; Lucas Leiva, alias “Teletubi”, señalado como sicario de la organización rosarina; y Mauricio Zabaleta, alias “Harry”, hermano de Juan Zabaleta, exintendente de Hurlingham.
La historia del secuestro empezó a gestarse a mediados de 2023, cuando desde Los Monos dejaron papelitos en las puertas de las casas de Tallone y de su amigo Uriburu con el mismo mensaje: “Con la mafia no se jode”. Tallone y Uriburu administraban la Terminal Portuaria Concepción del Uruguay, en la Hidrovía, pero su relación se quebró y, en ese contexto, desapareció el cargamento de cocaína.
Tras los papelitos, les prendieron fuego los autos y poco después comenzaron los disparos: las balas empezaron a caer cada vez más cerca. Tallone contó el problema a sus allegados y, en paralelo, contrató custodia a cargo de Zabaleta, que tenía llegada al Ministerio de Seguridad, por 10 mil dólares por semana.
Uriburu, en cambio, recurrió a Juliá —conocido por aterrizar un jet con 944 kilos de cocaína en España en 2011— para que mediara en su favor. Según la investigación, Juliá le dijo que “la mafia” lo perdonaría, pero que primero debía ir a la cárcel para hablar con “Guille” Cantero. Uriburu lo visitó 17 veces en Marcos Paz. En uno de esos encuentros, el líder de Los Monos lo sometió a una prueba: debía elegir entre salvar su vida o la de Tallone.
El secuestro ocurrió el 8 de julio de 2024: a las 13.38 lo obligaron a subir a un Volkswagen Gol Trend gris plata frente a las cámaras de seguridad de Nación Servicios, del Banco Nación, en Anchorena 454, en el barrio del Abasto. La víctima llegó a pagar 50 mil dólares por su liberación, pero Los Monos lo mantuvieron cautivo una noche en un rancho propiedad de Uriburu, en Ingeniero Maschwitz. Allí se perdió su rastro de manera definitiva.
En la investigación, el fiscal federal Carlos Stornelli tomó declaración a “Guille” Cantero, no como imputado sino como testigo. Cantero dijo: “Yo creo que Tallone no está vivo, pienso que puede estar enterrado en algún lado o en un tanque con algo”.
En su relato, Cantero añadió: “José vino muchas veces acá a verme por el tema de Tallone. Había un problema de plata. A Tallone lo secuestraron, como se vio en el video de la tele. José cuando vino, confió en mí, me contó lo que le pasaba. Por lo que me contó José, le debía como 300 mil dólares. Yo no conocí a Tallone. Cuando me habló José, él me hablaba de cacharritos y yo no entendía, después me aclaró que así se refieren a la droga”. El líder de Los Monos no confesó toda la verdad y se mostró, además, ajeno al crimen.
Otro integrante de la organización rosarina declaró como arrepentido sobre los últimos instantes de la víctima. La jueza tuvo en cuenta ese testimonio, el hallazgo de un revólver cromado, un arma de fabricación casera, las palas encontradas en el rancho y el paso del tiempo para dar por fallecido a Tallone. Por su parte, su hijo inició un trámite en el fuero civil para declarar la ausencia de su padre con presunción de fallecimiento.
Ahora resta que Comodoro Py asigne por sorteo el tribunal donde quedará radicado el expediente, paso necesario para que las partes ofrezcan pruebas y se fije la fecha del juicio oral. En el debate podría atenuarse la situación procesal de Zabaleta, empeorar la de Cantero y, quizás, alguien —en un gesto de humanidad— revele finalmente qué hicieron con los restos.
Fuente: Encriptada.
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