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El dilema de Milei: disciplina fiscal frente a la inflación persistente y el avance de tarifas reguladas

El avance de las tarifas reguladas tras el cambio de gobierno marca una transformación estructural en la composición de los precios al consumidor, modificando la dinámica que dejó la gestión de Alberto Fernández

El dilema de Milei: disciplina fiscal frente a la inflación persistente y el avance de tarifas reguladas

Una brecha similar se observó al comparar el promedio de los bienes —11,8% por encima de la variación general— con los servicios, que se movieron 24,7% por debajo.

Que muestran los precios relativos hoy

Si se toma como referencia de equilibrio general la base diciembre de 2016 que mantiene el Indec para estimar la variación del IPC, correspondiente al primer año del gobierno de Cambiemos, se advierte que a enero de 2026 prácticamente no existe brecha entre los cambios de los índices de bienes y servicios (+0,3% y -0,1%, respectivamente) respecto del 10.313% que registró el nivel agregado.

En los desagregados, los estacionales —los que más subieron el último mes (5,7%)— aún muestran un rezago de 12,3%, mientras que los regulados, con 1%, y el resto (núcleo) superó el nivel general en 2,4 por ciento.

Respecto de diciembre de 2016 los precios regulados mostraron en enero de 2026 un rezago de 12,2% y los regulados de 1 por ciento

Entre los 12 grandes rubros del Indec, los mayores aumentos sobre el promedio correspondieron a: restaurantes y hoteles 23,3%, salud 11,4%, alimentos y bebidas no alcohólicas 8%, transporte 4,8%, y vivienda y servicios básicos de agua, electricidad, gas y combustibles 4,5 por ciento.

En sentido contrario, se retrasaron: bebidas alcohólicas y tabaco 26,9%; prendas de vestir y calzado 24,9%; equipamiento y mantenimiento 17,5%; educación 14,5%; recreación y cultura 11,5%; comunicación 7,7%; y bienes y servicios varios 2,6 por ciento.

Hasta el fin del período de Mauricio Macri, los cambios fueron escasos: se recortó la brecha en alimentos y se perdieron los avances en salud, transporte y vivienda.

Por otra parte, si se comparan los índices del IPC al cierre del gobierno de Alberto Fernández —noviembre de 2023— con los de enero de 2026, la suba acumulada es de 369,8%, y se identifican brechas sustanciales entre los distintos rubros y categorías.

El conjunto de bienes subió 10,6% menos que el nivel general, mientras que el agregado de los servicios públicos y privados avanzó 31,4% más.

Por categoría, el mayor aumento correspondió a los regulados (37,2%), mientras que los estacionales retrocedieron 27,2% y la inflación núcleo lo hizo 2,6 por ciento.

Por grandes divisiones, ampliaron la brecha con el índice general: vivienda y servicios básicos 56,4%; comunicación 25,2%; bienes y servicios varios 20,2%; educación 18,6%; transporte 13,8%; restaurantes y hoteles 10,2%; y salud 3,1%. Se retrasaron: prendas de vestir y calzado 32,8%; equipamiento y mantenimiento del hogar 20,3%; recreación y cultura 9,7%; bebidas alcohólicas y tabaco 6,8%; y el conjunto de alimentos y bebidas no alcohólicas 5,5 por ciento.

De lo expuesto se infiere que, si la referencia que adopta el Gobierno para completar la eliminación de los desfases en los precios relativos entre bienes y servicios es la estructura heredada por la presidencia de Cambiemos en noviembre de 2019 —con un índice general del IPC que se elevó 3.811%—, los mayores aumentos esperables por la política oficial de avanzar en la desregulación de la economía, excluidos los impredecibles estacionales, se concentrarán en comunicaciones; en menor medida en vivienda y servicios básicos para el hogar; educación y salud.

El resto de los bienes y servicios, por el contrario, deberían ajustarse conforme a las reglas del mercado, en las que influyen los cambios en el poder de compra de los ingresos de los hogares, la apertura de la economía y las tasas de interés, principalmente, además de los efectos acumulados de las desregulaciones a lo largo de casi 90 años de historia económica argentina.

Inercia de las desregulaciones y cambios en la demanda de dinero

Este último factor explica que, a pesar de dos años de estricta disciplina fiscal —que permitieron al Gobierno cerrar el grifo de la emisión del BCRA para financiar el desequilibrio del Tesoro—, la variación del IPC aún se ubique más cerca del 3% mensual en lugar de arrancar desde cero, como aspira el presidente Milei.

En países sin la maraña de regulaciones, cepos y trabas a la apertura comercial que caracterizaron a Argentina desde los años 40, los planes de estabilización demoraron hasta ocho años en mostrar sus frutos plenos, mientras que los efectos netos de los cambios en política monetaria y en la demanda de dinero se visualizaron entre 18 y 24 meses.

El giro más reciente en ese sentido se observó en la previa a las elecciones legislativas, entre junio y octubre pasados.

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