LA NACIóN

El día que Cristina Kirchner cambió el plan Vicentin (mención a Bordet)

El día que Cristina Kirchner cambió el plan Vicentin (mención a Bordet)

El futuro de Vicentin empezó a rotar definitivamente hacediez días. Era jueves y a Cristina Kirchner le había llegado un dato que laexaltó. José Luis Manzano estaba trabajando en una propuesta con acreedoresextranjeros para pasar a controlar la empresa. En paralelo, Roberto Dromibuscaba armar una sociedad nacional mixta

Su idea era reunir al gobierno nacional y a la provincia deSanta Fe, con aporte de capitales privados, una iniciativa que acercó al BancoNación. Semejante déjà vu noventoso fue demasiado para la paciencia de lavicepresidenta, que esa misma noche comió con Alberto Fernández para dejar enclaro que había que avanzar rápidamente hacia la expropiación de la compañía.El propio Presidente lo recordó a su modo en una entrevista: “Cristinacenó conmigo el jueves. Le dije: ‘El fin de semana voy a hacer esto’, y ahícoincidimos en la mirada”. Encantadora coincidencia.

Alberto Fernández dio en la intimidad una versión máselaborada: “Nos adelantamos con el anuncio porque unos días antes se habíacreado un comité de acreedores extranjeros, que evaluaban recurrir al mecanismode cram down (acción preventiva para evitar el quiebre de empresas). Tenían el40{10b083c464b21a2e5b96ab7d1950c6efda5949816d8d4b699d6508628a11a647} de las acreencias y estaban cerca de la mayoría, además de contar confinanciación de entidades internacionales”.

Hay un dato fáctico que actuó como indicador del cambio derumbo que se produjo a partir de entonces. El ministro de la Producción deSanta Fe, Daniel Costamagna, venía trabajando con su par nacional, MatíasKulfas, en busca de una solución para reparar la desastrosa situaciónfinanciera de la agroexportadora, jaqueada por un pésimo manejo dirigencial.Hablaban casi a diario para elaborar una alternativa de rescate. El viernes,horas después de la cena entre Cristina y Alberto, Kulfas no le atendió más elteléfono. Una señal inequívoca de que se había terminado la opción delsalvataje consensuado y se había pasado a la fase de expropiación forzosa. Elgobernador Omar Perotti no tendría más noticias del tema hasta el lunes en quese anunció la decisión en conferencia de prensa.

Pero el efecto de la presentación de la medida no solo fuenegativo para el mandatario santafesino, que desde hacía meses intentaba unasalida negociada. El ministro de Agricultura, Luis Basterra, desconocía elmovimiento, al igual que Martín Guzmán, de Economía, que estaba en su despachocerrando su última propuesta a los bonistas, que incluía un”endulzante” atado a las exportaciones, y no podía creer cómo sugobierno le complicaba la negociación en el momento crucial. Muy pocos en elgabinete conocían de antemano la decisión.

Por el contrario, apareció en el anuncio la senadoracamporista Anabel Fernández Sagasti, quien fue implantada en la escenasolamente como expresión cristinista. A ella le habían pedido días antesjuntarse con Kulfas para elaborar el proyecto de expropiación, aunque no teníaantecedentes en la materia.

El episodio Vicentin es un caso testigo para el Gobierno pordos razones. La primera de ellas es operativa, porque exhibe la irrefrenabledinámica que le imprime la determinación de Cristina Kirchner al proceso detoma de decisiones. Cuando ella está resuelta, un rayo fulminante electriza loscircuitos y todas las alternativas se vuelven aleatorias. El Gobierno veníatrabajando en el caso de la agroexportadora santafesina desde principio de año.Era una preocupación real que tenía Alberto Fernández, a partir del planteo dePerotti, quien no solo temía por el futuro de la compañía, sino que tambiénrecibía las demandas de los acopiadores de granos que no cobraban. ElPresidente llegó a consultar a especialistas externos sobre posibles solucionesy dio señales de apoyar una opción más elaborada para asociar a la empresa conlos productores e YPF. Uno de ellos fue Martín Redrado, quien hace un par demeses le recomendó armar un esquema con bancos públicos y privados que, apartir de canjear deuda por capital, se transformaran en accionistas con unmanagement profesional, sanearan la empresa y la vendieran.

El economista incluso volvió a atender una llamada hace tresdías de Sergio Massa (otro de los sorprendidos por la conferencia de prensa,que ahora deberá juntar votos para aprobar la expropiación), cuando el diputadoaún creía que había margen para explorar alternativas. La propia empresa veníatrabajando en un plan propio que contemplaba la intervención de YPF Agro, unaidea que llegaron a compartir con Kulfas. El ministro de Trabajo, ClaudioMoroni, entonces operaba intensamente para garantizar pagos de salarios yevitar despidos. Todo voló por el aire cuando Cristina sospechó que había unmovimiento de acreedores externos para quedarse con el control de la empresa.La hipótesis de una extranjerización del mercado de granos le resultóintolerable.

Algo similar ocurrió cuando desbancó a Alejandro Vanoli dela Anses al enterarse de que había mandado a una funcionaria de segundo rango ala reunión de directorio de Telecom. Lo eyectó del cargo, paró en seco la ideade nombrar a Juanchi Zabaleta, hombre de Alberto, y puso allí a FernandaRaverta. Esta semana se repitió la secuencia: le frenó a Marcela Losardo elascenso de Emiliano Blanco en el Servicio Penitenciario e impuso a María LauraGarrigós de Rébori, de Justicia Legítima. La ministra de Justicia puso cara decircunstancia, le tomó juramento y pronunció unas palabras emotivas:”Vamos a trabajar estrechamente con Garrigós para lograr los objetivos denuestro gobierno”.

El debate sobre quién toma las decisiones se volvióirrelevante desde el momento en el que Alberto bendijo la santísima dualidad ydijo que él y Cristina eran “lo mismo”. Un ejemplo: él trabajó lareforma judicial largos meses con Losardo y Vilma Ibarra. Después lavicepresidenta intervino y puso a su propio abogado, Carlos Beraldi, aredefinir objetivos para permitir al Gobierno nombrar futuros jueces. ¿De quiénva a ser el proyecto cuando se presente finalmente?

En el caso Vicentin todas las señales dan cuenta de queFernández trabajaba en opciones amigables para salvar a la empresa, peroterminó anunciando una expropiación. Apareció allí la estela de la influencerdel Instituto Patria. Cuando se dio cuenta de la brusquedad del giro, elPresidente volvió al modo Alberto y aceptó el pedido de Perotti para recibir alos dueños de la compañía. Cuando el gobernador salió del encuentro y habló deque había disposición para evaluar “alternativas” distintas a laexpropiación, el Presidente se preocupó de obturar cualquier revisión. Solo secuidó de hacerlo a su modo.

Un comentario que hizo a su entorno grafica la importanciaque le da a la estética: “Cuando Cristina estatizó YPF rodearon PuertoMadero con la Prefectura y la Gendarmería y los echaron a patadas. Ahoranosotros fuimos con los interventores a Vicentin y no los dejaron ingresar. Mepreguntaron si recurríamos a la fuerza pública y dije que no. Tardamos todo undía en entrar. No hubo ni una cerradura rota. No fue un acto deprepotencia”. Inspirados en la frase que inmortalizó el general prusianoCarl von Clausewitz (“la guerra es la continuación de la política porotros medios”), bien podría decirse que Alberto es la continuación delkirchnerismo por otros medios.

El segundo motivo por el cual Vicentin compone un caso testigo es conceptual. La expropiación de una empresa de esa magnitud define la identidad del Gobierno de un modo nítido. Si hasta ahora había debates sobre la hoja de ruta de la gestión, o sobre el grado de moderación o ideologización de sus medidas, esta semana se produjo una señal muy clara. Probablemente el mejor termómetro haya sido el regreso de la vieja guardia de 2002. Roberto Lavagna hizo público su desacuerdo al percibir el efecto negativo que tendría la medida sobre las expectativas del sector privado y sobre la renegociación de la deuda. Sintió algo de desazón porque había almorzado días antes con el Presidente para hablar de esos temas. Eduardo Duhalde se entusiasmó con un acuerdo alternativo, pero la realidad lo desilusionó. Creyeron que podrían ayudar.

También el interior agropecuario encendió las luces dealerta, y dejó a varios gobernadores incómodos. Perotti, un hombre muyidentificado con los gringos del campo, fue el primero de todos. Lo mismo lespasó al cordobés Juan Schiaretti y al entrerriano Gustavo Bordet. Elempresariado también quedó desconcertado tras haber comido con AlbertoFernández una semana antes y haber escuchado un mensaje de apoyo al sectorprivado. La agitada reunión de la UIA del último martes fue una evidencia de laconfusión interna.

Alberto Fernández se cansó de repetir que la decisión deexpropiar es una medida “excepcional”, como si no supiera que detrássuyo siempre sobrevuela el fantasma del pasado. Cuando él habla de Vicentinmuchos recuerdan el Correo Argentino, AySA, YPF y Aerolíneas. Cuando él serefiere a la “soberanía alimentaria” resuenan antiguos lemas como la”soberanía energética” o la “soberanía productiva”. Si elPresidente sigue teniendo tantas dificultades para resignificar su gobierno conuna identidad propia y queda sometido a una comparación constante con la etapaanterior, se expone a un riesgoso desgaste anticipado.

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