Los ministros de Finanzas del Grupo de los Siete (G7) anunciaron este lunes su disposición a adoptar todas las medidas necesarias para estabilizar los mercados de hidrocarburos, tras el abrupto aumento de precios provocado por los recientes ataques en el golfo Pérsico y el cierre del estrecho de Ormuz. Entre las herramientas en evaluación figura la posible liberación de las reservas estratégicas de petróleo, aunque por ahora no se ha tomado una decisión definitiva.
En una reunión virtual presidida por Roland Lescure, ministro de Finanzas de Francia —país que ejerce la presidencia rotatoria—, se sostuvo que los gobiernos seguirán de cerca la evolución de los flujos energéticos y la situación de los mercados. Lescure subrayó que la liberación de reservas estratégicas solo se considerará si es necesaria y de forma coordinada entre los países miembros. Hasta el momento, según el funcionario, no se han identificado problemas de suministro de petróleo o gas en Europa ni en Estados Unidos.
La tensión en los mercados energéticos se intensificó tras nuevos ataques a instalaciones petroleras en el golfo Pérsico y la reacción inmediata de los precios. El barril de Brent, referencia en Europa, llegó a registrar subas cercanas al 30% en algunos momentos, alcanzando un pico puntual de 119 dólares y manteniéndose por encima de los 100 dólares en las últimas horas. Esta escalada se suma al 20% acumulado la semana anterior, lo que aumenta la preocupación por su impacto en la economía global.
El bloqueo del estrecho de Ormuz por parte de Irán generó inquietud porque por esa vía transita cerca del 20% de los hidrocarburos consumidos en el mundo, con destino mayoritario hacia los mercados asiáticos. El temor a un cierre prolongado o a daños en infraestructuras petroleras ha sido el principal motor de la subida de precios, aunque las autoridades insisten en que no existe un riesgo inmediato de desabastecimiento para Europa o Estados Unidos.
Como respuesta, los ministros del G7 afirmaron estar preparados para implementar cualquier medida que estabilice los mercados, incluida la liberación coordinada de reservas estratégicas en caso de interrupciones significativas. Esa postura fue respaldada por una declaración conjunta que enfatiza la importancia de mantener rutas comerciales seguras y de actuar en coordinación con organizaciones internacionales como la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
El presidente francés Emmanuel Macron adelantó que el G7 podría convocar una reunión adicional de líderes para abordar la crisis energética y coordinar acciones. Francia también propuso reunir a los ministros de Energía del grupo al margen de una cumbre nuclear en París. Macron afirmó que su país y sus aliados trabajan en una misión defensiva para reabrir el estrecho de Ormuz y escoltar buques petroleros una vez superada la fase más crítica del conflicto.
La Unión Europea ratificó que sus Estados miembros disponen de reservas de emergencia equivalentes al menos a 90 días de importaciones, en cumplimiento de los requisitos de la AIE. Datos recientes señalan que, salvo Australia, todos los miembros del organismo cuentan con los volúmenes exigidos. Japón, por su parte, posee reservas que cubren 254 días de consumo interno y ya ha instruido a sus depósitos para prepararse ante una eventual liberación, aunque no se ha adoptado una medida formal.
El uso de las reservas estratégicas se concibe como una solución temporal: según estimaciones de analistas, permitiría compensar entre dos y tres semanas del flujo habitual que transita por el estrecho de Ormuz. No obstante, la medida busca evitar un encarecimiento aún mayor del petróleo en las próximas semanas, en el contexto del conflicto bélico en la región.
Desde la creación de la AIE tras la crisis del petróleo de 1973, las reservas estratégicas solo se han utilizado en cinco ocasiones, la más reciente en 2022 durante la crisis provocada por la invasión rusa de Ucrania. Expertos económicos, como el nobel Philippe Aghion, consideran improbable que la actual crisis energética derive en un colapso económico global similar al de 2008, aunque prevén una posible desaceleración del crecimiento mundial.
La situación sigue siendo monitoreada de cerca por los países del G7 y las instituciones internacionales, que permanecen en contacto para coordinar nuevas acciones según evolucione el conflicto y su impacto en los mercados energéticos.
(Con información de Bloomberg, AFP y EFE)
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