Tanto el presidente Javier Milei como el ministro de Economía, Luis Caputo, proyectaron que la inflación romperá la barrera del 1% mensual en agosto próximo o en los meses siguientes.
Con los precios acelerándose más hacia el 3% que hacia el 2%, los analistas señalan obstáculos para la ambiciosa meta que se planteó el Gobierno este año: el reacomodamiento de precios relativos y regulados —como las tarifas de servicios públicos— y la pérdida de dos anclas que se usaron en los primeros dos años de gestión para el proceso de desinflación.
En línea con las proyecciones presidenciales, Caputo afirmó en declaraciones recientes que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) quebrará el 1% durante el octavo mes de 2026. Además, el funcionario admitió que intentar llevar la medición anual a un dígito requiere un “programa mucho más agresivo” que el que aplicaron países que lograron domar el flagelo inflacionario en poco tiempo.
Intentar llevar la medición anual a una dígito anual requiere un “programa mucho más agresivo” que el que aplicaron países que lograron domar el flagelo inflacionario en poco tiempo (Caputo)
En concreto, el Ministerio de Economía busca volver a la senda de la desinflación mediante el mantenimiento y la profundización del superávit fiscal —es decir, evitando emitir más pesos para financiar desequilibrios públicos— junto con una política monetaria restrictiva.
Pese a los pronósticos oficiales, el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central de la República Argentina (BCRA) proyecta que, al menos hasta agosto, el IPC no arrancará en 0. El sondeo, que reúne a las principales consultoras, bancos y entidades financieras del país, traza una senda descendente desde el 2,7% de febrero hasta el 1,5% en agosto.
Procesos de estabilización en países como Israel, Perú y Chile muestran que bajar inflaciones muy altas —por encima del 100% anual— hasta niveles alrededor del 30% puede lograrse en plazos relativamente cortos. No obstante, la reducción posterior, desde ese 30% anual hasta una tasa de un dígito, suele llevar más tiempo y enfrentar mayores dificultades. Parte de esa complejidad se explica por los ajustes en precios relativos, que son más complejos cuando la inflación ya no es tan elevada y las distorsiones quedan menos evidentes.
La clave está en cómo inciden los cambios en precios relativos sobre el promedio del índice. Cuando algunos productos puntuales, como la carne o ciertos alimentos, aumentan mucho más que otros, el IPC puede mostrar subas aun cuando la mayoría de los precios se mantengan estables o incluso bajen. Eso no siempre refleja una inflación generalizada, sino variaciones concentradas en rubros específicos.
Parados con los ojos de hoy y con lo que ha pasado en los últimos meses parece difícil: suba de los servicios públicos, la carne, el turismo y ahora en marzo la educación (Tiscornia)
Según la visión oficial, si se margenan los efectos de la devaluación y la inflación internacional, el indicador podría ubicarse por debajo del 1%, lo que reflejaría mayor estabilidad en el resto de los precios.
La mirada de los analistas
Los economistas consultados por Infobae coincidieron, en distintos grados, en que la meta trazada desde lo más alto del Poder Ejecutivo luce, al menos, desafiante. Los principales factores que limitarían una caída tan marcada de la inflación son el reordenamiento de precios relativos y la pérdida de las anclas cambiaria y salarial que ayudaban a contener la inflación.
El director de la consultora C&T, Camilo Tiscornia, sostuvo que “el Gobierno va haciendo cosas para que eso ocurra: ha corregido la situación fiscal, es prudente y bastante duro monetariamente, con lo cual podría bajar en algún momento fuertemente la inflación”.
Tiscornia explicó: “Parados con los ojos de hoy y con lo que ha pasado en los últimos meses parece difícil, pero lo cierto es que también en ese período hubo factores puntuales, como la suba de los servicios públicos, la carne, el turismo y ahora en marzo la educación. Entonces, es difícil animarse a decir que va a arrancar con cero”.
Desde la perspectiva de C&T, la estrategia vigente para moderar el ritmo de aumento de precios es “correcta”, aunque alcanzar niveles comparables con los del resto del mundo implica modificar comportamientos arraigados en Argentina, tanto de consumidores como de empresas, que alimentan la inercia inflacionaria.
Por su parte, la economista de LCG, Florencia Iragui, advirtió que en un contexto de reacomodamiento de precios relativos “resulta difícil pensar en poder reducir el porcentaje de inflación mensual con rapidez y en una magnitud bastante elevada; no quiero decir imposible, pero sin ir más lejos, resulta difícil recortar 2 puntos porcentuales del IPC cuando el gas en febrero presentó subas cercanas al 17% mensual”.
Iragui enfatizó que la persistencia de la inercia inflacionaria constituye un desafío: ante la percepción de que la inflación puede acelerarse o, en el mejor de los casos, mantenerse en los niveles actuales, la dinámica es compleja de revertir y complica que el indicador caiga por debajo del 1% mensual.
Resulta difícil recortar 2 puntos porcentuales del IPC cuando el gas en febrero presentó subas cercanas al 17% mensual (Iragui)
A su juicio, la trayectoria del indicador dependerá de la evolución de la actividad económica, del comportamiento de las importaciones —que actúan como ancla frente a los precios locales— y de las medidas que adopte el equipo económico en los próximos meses.
Para el director de Economía de Fundar, Guido Zack, el escenario que plantea el oficialismo resulta difícil de concretar. En ese sentido, subrayó que la prioridad debería ser lograr que la inflación se reduzca de forma estable por debajo del 2% mensual.
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Zack explicó que “hay movimientos de precios relativos que impiden que la desinflación del 30% al 10% sea rápida. En particular, destacó que las tarifas están rezagadas, lo que impacta en prácticamente todos los precios de la economía, y que dicho rezago se mantiene a través de subsidios. En consecuencia, si el Gobierno quiere reducir el gasto público por ese lado, eso tiene un impacto inflacionario”.
Martín Kalos, director ejecutivo de Epyca Consultores, coincidió en que el Gobierno necesita “tiempo y paciencia” para acercar la inflación a niveles internacionales. Además, subrayó que se agotaron las dos anclas que se utilizaron en la primera etapa del plan de estabilización: los salarios y el tipo de cambio.
El principal objetivo debería ser que la inflación se reduzca de manera estable por debajo del 2% mensual (Zack)
“Cuando esas dos anclas se agotaron, a mitad de 2025, la inflación dejó de desacelerarse. Si bien hoy hay un leve proceso de apreciación, no hay espacio para que el dólar corra muy detrás del resto de los precios. Y tampoco, en principio, uno querría creer que vayan a volver a generar una caída de los salarios. Los salarios están en los niveles de hace dos años, a excepción de los del sector público nacional. Eso tampoco puede volver a ser usado de ancla. A eso se suman las tarifas de servicios públicos, que fueron algo atrasadas antes de las elecciones”, describió.
Kalos concluyó: “Si todo le sale muy bien al Gobierno, puede pasar que la inflación empiece con 1%, pero la verdad es que no es el escenario más probable. Lo sano sería que del casi 3% actual vaya bajando y si para fin de año estamos en uno y pico, es un buen dato. El problema ahí es discursivo porque el Gobierno se pone una meta demasiado exigente y que incluso puede ser contraproducente”.
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