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Rafael Grossi alerta: Irán acumuló uranio con pureza casi apta para un arma nuclear

En diálogo con Infobae, el Director General del OIEA remarcó la falta de transparencia de Teherán en su programa atómico y cuestionó la inacción de la ONU en el conflicto. “Estamos en el filo de la navaja”, subrayó

Rafael Grossi alerta: Irán acumuló uranio con pureza casi apta para un arma nuclear

Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), atraviesa uno de los momentos más exigentes desde que asumió en 2019. “No sé si es el más delicado, es en el que convergen más cosas”, reflexionó al comenzar la conversación con Infobae, evocando noches críticas de su gestión, como la ocupación rusa de la central de Zaporiyia o el ataque -también de Moscú- a Chernóbil en los primeros meses de la invasión de Vladimir Putin a Ucrania.

Grossi definió el presente como un punto de convergencia de crisis: la situación en Irán y la guerra persistente en Ucrania han colocado a la agencia que dirige “en el filo de la navaja”. Al referirse a la reciente ofensiva de Israel y Estados Unidos contra Irán, el director del OIEA destacó que la magnitud de la operación actual supera la campaña de junio de 2025, cuyos objetivos se limitaron entonces a instalaciones nucleares iraníes.

Además, Grossi aclaró uno de los principales argumentos en los que se apoyaron Washington y Jerusalén para justificar los bombardeos sobre territorio iraní la semana pasada: el enriquecimiento de uranio. “Irán es un país que ha acumulado una cantidad exorbitante de material nuclear con una pureza que es muy parecida a la que se necesita para un arma nuclear”, subrayó.

A continuación, la entrevista completa:

– En primer lugar, quería preguntarle: desde su asunción en 2019 como director general del organismo, ¿es este el momento más delicado que le ha tocado enfrentar?

– No sé si es el más delicado, es en el que convergen más cosas. Tengo recuerdos muy vívidos de momentos difíciles, como la noche en que fue ocupada la central de Zaporiyia (en Ucrania) o cuando fue atacada la central de Chernóbil. También la guerra de los 12 días del año pasado. Hubo madrugadas en las que tuvimos que decidir qué medidas, desde nuestro punto de vista, era necesario tomar. Sí creo que ahora, en particular, estas dos grandes crisis se cruzan de manera muy clara y en un momento sumamente dramático. Porque en el caso de Irán, evidentemente este nuevo episodio militar parece ser bastante más amplio que los 12 días de junio de 2025, y la situación en Ucrania no presenta una mejoría evidente. Hoy, por ejemplo, tuvimos que negociar una vez más un cese del fuego transitorio y acotado entre Rusia y Ucrania para poder efectuar una serie de reparaciones esenciales sobre las líneas de alta tensión que alimentan la central de Zaporiyia, indispensables para el funcionamiento del sistema de seguridad de la planta. Pudimos culminar esa negociación con ambos comandos militares y, luego, hubo luz verde para enviar a nuestro personal. Es decir: todos los días estamos un poco en el filo de la navaja.

– Me imagino. Y yendo puntualmente a la crisis que atraviesa Medio Oriente hoy, ¿cuál es la evaluación preliminar que su organismo hace del estado y de la seguridad de las instalaciones nucleares luego de una semana de bombardeos sobre todo Irán?

– Bueno, en el caso de Irán, esta campaña militar difiere claramente de la de 2025: aunque dos instalaciones nucleares —Natanz e Isfahán— han sufrido impactos, no han sido el foco principal de los objetivos militares. Ha habido, además, otros ataques —decapitación de estructuras gubernamentales, ataques a infraestructura militar y a la armada— que exceden ampliamente lo nuclear. En junio del año pasado fue una operación quirúrgicamente orientada a tres sitios nucleares muy específicos. En esta oportunidad se registraron dos episodios de ataques; según lo que hemos analizado y lo que pude ver en las imágenes satelitales, los daños no han sido mayores. Ahora bien, esto puede seguir ocurriendo: estamos en medio de una guerra.

– Claro…

– O sea que no puedo afirmar si mañana o pasado figurará un nuevo objetivo militar en la lista. Hasta ahora, la campaña parece perseguir fines más amplios y diversos —políticos, infraestructurales, militares— además de los nucleares; el año pasado fue absolutamente focalizada en lo nuclear. La evaluación del daño infraestructural es muy parecida a la que teníamos el 27 de febrero: las instalaciones dañadas en 2025 siguen afectadas y ha habido una degradación, acaso marginalmente mayor. Otra diferencia fundamental con respecto al año pasado es que esta vez, en su defensa, Irán optó por atacar países de la región.

– Los países del golfo…

– Los países del Golfo, prácticamente sin excepción; quizás solo Yemen y Jordania no hayan estado involucrados en esa selección de objetivos militares. En todos los demás hubo ataques y, desde mi punto de vista, eso es importante —y así lo manifesté ante la Junta de Gobernadores del OIEA en mi intervención del pasado lunes—: en esos países existen instalaciones nucleares. En los Emiratos Árabes Unidos hay cuatro reactores nucleares en funcionamiento. En los otros países hay instalaciones más pequeñas, como reactores de investigación o fuentes radioactivas en centros sanitarios, que, de ser impactadas, pueden tener consecuencias medioambientales o afectar a las personas. Por eso también hice un llamado de atención, de control y de moderación, porque no puede descartarse la posibilidad de un episodio de naturaleza radiológica en cualquiera de esos países.

– Uno de los argumentos principales que se esgrimieron para el bombardeo de Irán fue que estaba próximo… que había desarrollado y enriquecido uranio de manera tal que podría estar próximo a tener un arma nuclear. ¿Usted cree que eso era posible?

– Yo creo que no era imposible. No me corresponde ni me atrevo a fijar una métrica sobre cuánto tiempo, días o distancia, les faltarían para un arma nuclear. Pero está claro que Irán ha acumulado una cantidad exorbitante de uranio con una pureza muy cercana a la necesaria para un arma, y además no estaba dando a los inspectores del organismo la transparencia y el acceso requeridos. Tanto es así que, en muchos de mis informes, yo ya venía diciendo que en esas condiciones el Organismo Internacional de Energía Atómica no estaba en condiciones de asegurar que todo estaba en orden.

Entrevista a Rafael Grossi – Director General OIEA

– Tengo entendido, Rafael Grossi, que usted mantiene contactos aún con el canciller iraní Abbas Araghchi. Si se puede saber, ¿cuál es el tono de esas conversaciones y si le transmitió esta inquietud y esta preocupación suya respecto a las demás plantas nucleares que hay en los países del Golfo?

– Las conversaciones en este momento han sido esporádicas y muy breves. Hay algo que me parece obvio y que se resume en el viejo sentido común: en medio de una guerra —y ellos están en medio de una guerra, con la capital sometida a bombardeos intensos y constantes— prima la prudencia a la hora de hacer recomendaciones o llamamientos. Por supuesto, he sido muy claro en que debe haber enorme prudencia en el ámbito militar y en las decisiones sobre qué atacar y qué no atacar. Pero también debo considerar la situación de un país que, sin juzgar si tiene o no razón, está defendiendo su territorio. Por eso conviene evitar adoptar un tono excesivamente admonitorio en un momento tan delicado. Llegará, y espero que pronto, el momento en que podamos volver a sentarnos. Es indispensable: cuando concluya este episodio militar, la infraestructura nuclear seguirá allí, dañada parcial o totalmente como quedó después de junio del año pasado, pero el material nuclear que podría emplearse para armas va a seguir existiendo. Irán no puede desaprender lo que aprendió; cuenta con capacidades tecnológicas para reconstituirlo. De modo que es ineludible volver a la mesa de negociación.

– ¿Cómo interpreta el cierre del estrecho de Ormuz desde la perspectiva de la seguridad energética y de la estabilidad global?

– Evidentemente, el estrecho de Ormuz, desde tiempo inmemorial, ha sido siempre una válvula indispensable para el comercio internacional y, actualmente, para el tránsito de petróleo. La evolución del conflicto sugiere que Irán ha aumentado su capacidad de control sobre ese paso, aunque ello debe seguir siendo objeto de revisión constante mientras el conflicto permanezca abierto.

– Hablábamos del Golfo, de los demás países del Golfo, sus plantas nucleares, hizo referencia a Zaporiyia, a Ucrania. Pero también hay otra situación delicada en Medio Oriente, que es la que se da entre Afganistán y Pakistán, un país con armamento nuclear. ¿Cuál es su opinión respecto a este conflicto y si podría escalar en algo peor aún?

– Es una pregunta muy oportuna, porque durante la semana circuló la afirmación de que habría sido impactada una instalación en Pakistán vinculada a su programa nuclear. Puedo confirmar que no fue así: hubo un ataque a una instalación militar, pero sin relación con el programa nuclear. Esto nos permite subrayar que Pakistán no solo dispone de armas nucleares, sino también de un parque nuclear civil relevante: tiene cinco plantas nucleares de tecnología china y un sector nuclear muy desarrollado. Por lo tanto, más allá del componente estratégico militar, existe un importante programa nuclear civil.

– Lo llevo a otro ámbito… al ámbito de las Naciones Unidas. ¿Cómo evalúa el papel de la ONU en la gestión de la crisis actual entre Estados Unidos, Israel e Irán? Y le propongo imaginarse qué hubiera hecho, qué haría diferente usted de presidir ese organismo.

– Bueno, no puedo evaluar nada porque, en términos prácticos, no ha hecho nada. Y no atribuyo culpas personales; simplemente constato que las Naciones Unidas están marginadas de la resolución de graves conflictos internacionales, un desafío que señalé incluso durante la presentación de mi candidatura en Buenos Aires junto al canciller (de Argentina, Pablo) Quirno en diciembre. Si yo estuviera al frente de la Secretaría, ciertamente me involucraría más, como ha sido necesario entre Ucrania y Rusia o en Oriente Medio. Hablar es sencillo; lo difícil es tener la capacidad de interlocución y el ferramental diplomático para aportar valor a un diálogo entre países que están en guerra. Nadie aceptará en la mesa de negociaciones a un actor que perciba como parcial; eso nos lleva al concepto de imparcialidad, que no es indiferencia: implica actuar con las herramientas necesarias y ser un interlocutor respetado.

Entrevista a Rafael Grossi – Director General OIEA

– ¿Usted cree que la actual conducción de la ONU no tiene esa imparcialidad que debería tener y por eso no puede sentarse en la mesa de decisiones?

– No, no diría eso. Tengo un gran respeto por el secretario general António Guterres, por lo que no afirmaría que carezca de imparcialidad. Lo que no se ha logrado, quizás, es esa capacidad de interlocución a la que me refiero. Y esa carencia, pese a los mejores esfuerzos e intenciones del secretario general, ha limitado la contribución de la ONU a la solución de estos conflictos tan graves.

– Es frecuente escuchar por estos días frases como: “Estamos ante el inicio de la Tercera Guerra Mundial”, por los múltiples frentes que hay abiertos. ¿Usted coincide con ese diagnóstico?

– No. Coincido en que estamos ante una situación internacional gravísima, con posibilidades reales de expansión. Hablamos, por ejemplo, de un conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel con claros riesgos de contagio, como lo muestran los pronunciamientos del Consejo de Cooperación del Golfo, cuyos miembros han dicho que, si es necesario, se defenderán, lo que podría derivar en un escenario multipolar en la región. Para calificar esto como un conflicto de naturaleza verdaderamente global, otras potencias dotadas de armas nucleares deberían involucrarse; en lo inmediato, no veo ese escenario.

Entrevista a Rafael Grossi – Director General OIEA

– Por último, ¿qué mensaje le transmitiría al liderazgo iraní y a las potencias involucradas en este conflicto puntual?

– Mi mensaje sería sencillo y muy claro. Este problema lo observa la comunidad internacional desde hace décadas: algunos lo miden en veinte años, otros en treinta, y hay quienes lo remontan a los cuarenta y siete años desde la Revolución Islámica. El conflicto en torno al programa nuclear y la posibilidad de que Irán cruce la línea hacia un arma nuclear es un nudo gordiano. La única forma de encauzar una estabilidad duradera es encontrar una vía negociada. Si la intervención militar era o no necesaria, eso quedará al juicio de quienes decidieron actuar; yo no voy a juzgarlo. Pero es evidente que, para desatar este nudo, la vía diplomática debe emplearse lo antes posible. Así podremos avanzar hacia un punto de estabilidad y evitar que se repitan las crisis recurrentes que nos aquejan.

X: @TotiPI

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